jueves, 10 de abril de 2014

Rol de la madre en los primeros años y la estimulación intrauterina.

El rol de la madre en los primeros años de vida.

En el primer año de vida la figura materna es la que tiene el papel fundamental en el desarrollo armónico del niño. El recién nacido considera a la madre como una prolongación de sí mismo, fuente de satisfacción de sus propios deseos y necesidades. La madre le proporciona ante todo nutrición física: pecho o biberón, lo importante es que lo coja en brazos con cariño mientras come, de forma que el niño perciba el contacto físico con ella como gratificante.
A parte de la nutrición física, la figura materna proporciona alimento cognitivo para las actividades motoras, sensoriales y mentales del niño: cada vez que interacciona con él, cuando juega, lo coge en brazos, le enseña cosas, le canta, le deja explorar la cara y su pelo, le habla, le mueve los brazos o las manos, le proporciona objetos para jugar, le ayuda a cambiar posición, etc.

 La madre, sin tener a veces conciencia de ello, estimula y crea las condiciones favorables para la manipulación y la exploración del ambiente. Un indicador importante para saber si un niño es feliz, lo tenemos a partir de los dos o tres meses, cuando aparece la sonrisa ya no solamente como respuesta a una necesidad satisfecha, sino de forma relacional, como expresión de alegría en relación con un objeto externo, por ejemplo un rostro conocido que esté enfrente de él, se mueva, sonría o le hable. En todo este proceso de relación con la figura materna se produce el  apego emocional

A continuación veremos un vídeo sobre el apego emocional que deben establecer madre e hijo.




Estimulación intrauterina.

A través de la estimulación intrauterina se pretende desarrollar al máximo las capacidades del bebé y, sobre todo, mantener una estrecha comunicación con el pequeño que enriquezca la relación padres e hijo.
Además de desarrollar sus sentidos, logramos que el bebé se sienta seguro, querido y acompañado, pues desde las primeras semanas de gestación nos estamos comunicando con él y creando un fuerte vínculo afectivo, que él percibe perfectamente.
Si tenemos en cuenta que a las pocas semanas de gestación es capaz de percibir los estímulos que vienen desde el exterior y, por lo tanto, nos puede oír, sentir, incluso distinguir sabores, podríamos realizar actividades que desarrollen sus sentidos y resulten placenteras para él como oír música, bailar suavemente, etc.



El bebé capta perfectamente el estado de ánimo de su madre. Así, por ejemplo, si ella se siente triste, contenta, desanimada, feliz, preocupada, etc. lo percibe perfectamente. Las situaciones en que la madre se encuentra excesivamente estresada pueden incluso afectar al desarrollo y crecimiento del bebé. Las madres deben ser conscientes de que tanto sus emociones como sus actitudes, repercuten positiva o negativamente en el bebé.
Por ello, debemos hacer todo lo posible para vivir el embarazo como una etapa alegre e ilusionada, dando especial importancia al bienestar de la madre y del bebé. Una mujer que disfruta de su embarazo, se comunica con su hijo, le estimula y espera con ilusión su nacimiento. Lo más probable es que tenga un bebé emocionalmente sano. Lo más importante no es la estimulación, sino el trato continuo con el pequeño.


El siguiente video presenta la importancia de la estimulación prenatal y sus características.




miércoles, 9 de abril de 2014

Desarrollo Emocional Intrauterino.

  DESARROLLO PSICOLÓGICO EN LA INFANCIA Y LA ADOLESCENCIA.



La psicología del desarrollo es una rama de la psicología que estudia los cambios conductuales y psicológicos de las personas, durante el periodo que se extiende desde su concepción hasta su muerte, tratando de describirlos y explicarlos, con la finalidad de predecir comportamientos.

El desarrollo psicológico durante la infancia y la adolescencia hace referencia a los cambios a nivel cognitivo, afectivo, sexual y social que ocurren durante el proceso de crecimiento del individuo.







Primeras Reacciones Psicológicas Del Niño Durante El Embarazo.

El desarrollo psicológico de los infantes se inicia con la concepción. Existen estudios que muestran que los fetos a partir del cuarto mes de gestación  presentan reacciones emocionales muy similares a las de un recién nacido y mencionan que esto se debería a que en esta etapa ya son capaces de percibir el afecto y la ternura que les llega desde el exterior.  Durante el embarazo,  hasta el momento del parto, el niño está unido a su madre y al mundo externo a través de la placenta, la cual no solo le proporciona alimento sino que también transmite  las emociones de la madre a través de las hormonas que segrega su organismo.
  La sangre materna que el bebé recibe por el cordón umbilical, que contiene sustancias como neurotransmisores u hormonas, que producen en el bebé las mismas reacciones que en la madre. Una de las hormonas del estrés, la adrenalina, que en la madre produce aumento del ritmo cardíaco, de la presión arterial, tensión, ansiedad, etc. produce exactamente lo mismo en el bebé. Las endorfinas, que en la madre producen tranquilidad, bienestar y paz, actuarán de la misma manera en el bebé

 El feto comienza a desarrollar el sentido del tacto en la octava semana, mientras la cara ya empieza a adquirir un aspecto humano.  A las dieciséis semanas el futuro bebé retrocede ante la luz, a las veinte reconoce la voz de la madre, a las veinticuatro tendrá casi todos sus órganos sensoriales maduros y a las veinticinco reacciona a la música. Cuando tiene seis meses de gestación responde a los cambios de humor maternos y ya tiene memoria, y a los siete meses puede soñar.
Los últimos estudios también muestran que el feto dentro del útero materno percibe olores y sabores, oye los sonidos y los recuerda después del nacimiento.   El estrés o excitación prolongada por parte de la madre afecta la salud física y mental del ser humano en desarrollo, está comprobado que cuando la madre sufre de un estrés emocional, el feto se mueve con mayor fuerza y frecuencia que cuando la madre se encuentra en paz y armonía.